La parte más difícil de construir con IA no es el primer borrador; es la reescritura. Llevar un prototipo creado "por sensaciones" a un producto real y listo para producción obliga a una elección inmediata: ¿iteras mediante prompts en una plataforma alojada o creas la estructura del repositorio y eres dueño del código? Base44 y Cursor representan estas dos opciones opuestas. Uno envuelve tu aplicación en una caja negra gestionada, mientras que el otro pone un IDE de ingeniería de software profesional en tus manos.
Esta comparativa se juzga según la mecánica de transición. Si empiezas con un concepto conversacional, el primer borrador es sencillo. Pero llevar esa aplicación a producción implica configurar relaciones de base de datos reales, establecer permisos de usuario seguros y garantizar que puedes cambiar una funcionalidad sin romper otra. Aquí es donde el entorno de desarrollo y el sandbox guiado por prompts se separan.