Llevar un prototipo móvil a producción es un trabajo técnico concreto, no una cuestión de sensaciones. Aquí es donde Cursor y VibeCode divergen realmente: uno es un entorno de programación con IA para quienes quieren controlar el código y la cadena de herramientas, mientras que el otro es un constructor de apps móviles basado en prompts que agiliza todo el camino desde la idea hasta el despliegue.
Este proceso pone a prueba los puntos críticos, ya que en producción los fallos dejan de ser cosméticos. Los límites de contexto, las suposiciones de despliegue, las restricciones de exportación, la infraestructura de compilación nativa y el acoplamiento del backend se vuelven costosos una vez que la app tiene usuarios, datos y errores que deben solucionarse bajo presión.